Archivo Julio, 2010

Consideraciones Teóricas. El Monomito (II).

Bien, antes de empezar con las etapas del viaje, habrá que presentar la idea general.

La idea (porque es una idea, NO una fórmula) es que todos los mitos, los cuentos de hadas, los sueños, las leyendas… tienen, universalmente, varios elementos estructurales comunes. Algunos de estos elementos comunes, especialmente significativos y especialmente universales, siguen funcionando en la narrativa contemporánea. ¿Por qué? Bueno, según Campbell, son sistemas simbólicos, creaciones naturales de la mente humana. El inconsciente colectivo de Jung. Según los seguidores de Campbell, la sociedad occidental ha desacreditado los viejos sistemas mitológicos que resolvían los dilemas a los que se enfrenta el individuo en sociedad y busca su propio sistema. Pero no se puede “evitar”, digamos, conservar la esencia de algunos de los viejos códigos. ¿Y eso? Porque son creaciones naturales de la mente humana. O sea que, según ellos, ocurre porque no puede ser de otra manera.

Kill Bill

Kill Bill

La idea es pensar en la historia como si fuese un viaje en el que el héroe protagonista busca o huye de alguna cosa. Un ejemplo típico es el rito iniciático. Digamos que el niño empieza a notar que está cambiando. Pronto la situación se hace evidente y, a pesar de sus reticencias, llega el día en que el niño tiene que abandonar la seguridad del poblado, un mundo cuyas reglas, costumbres, lógica, habitantes… comprende y conoce bien. Tiene que emprender un viaje. Adentrarse en la selva y no sé… y matar a un ñu (o encontrar un pozo, o huir porque otra tribu ha arrasado la suya…). Después puede regresar al poblado como un guerrero, miembro de pleno derecho de la tribu. El viaje, la experiencia, le ha cambiado de manera profunda e irreversible. El héroe vuelve pero vuelve distinto.

Esto no quiere decir que la historia tenga que ser un viaje en sentido literal. Muchas historias cuentan el viaje mismo, desde El Quijote hasta Kill Bill. En el Camino es un ejemplo evidente hasta en el título. Otras veces, el personaje encuentra trabajo en otra ciudad y coge un avión, de forma que la historia no cuenta el viaje, sino su estancia en el nuevo y extraño lugar, como en Atrapado en el Tiempo.

También te puede pillar un tornado y te despiertas en Oz y se trata del viaje a otro mundo tan típico de la narrativa infantil: te caes por una madriguera persiguiendo un conejo y te despiertas en El País de las Maravillas. Entras a un armario y apareces en Narnia. El viaje de Chihiro, El Laberinto del Fauno. También se puede contar un viaje sin moverse en el espacio pero sí en el tiempo, como en Regreso al Futuro. O puede ser un viaje por tu propio cerebro, como en The Eternal Sunshine of the Spotless Mind.

The Eternal Sunshine of the Spotless Mind

The Eternal Sunshine of the Spotless Mind

Pero, la mayoría de las veces, el viaje es simbólico. El personaje no se mueve del sitio: el que se mueve es el sitio, el entorno, las circunstancias, el interior mismo del héroe. De otra manera: el viaje representa el conflicto, forma parte de él. Como contaba en el post Sentir el sentido, cualquier persona enfrentada a un conflicto es alguien que no sabe (o que no puede saberlo todo) y el mundo se convierte en un lugar fragmentado, desordenado, antitético. Impredecible. Las cosas se redimensionan, no podemos calibrar su importancia, no se está seguro de qué camino seguir. Se abren demasiadas posibilidades. El personaje se puede pasar toda la historia metido en su habitación (aunque no es recomendable), pero debido al conflicto, es el mundo el que ha cambiado a su alrededor, como cuando conoces a una chica. O te despiden, o te despides. O secuestran a tu hermano. Un accidente. Cualquier cosa que desequilibre la vida del héroe.

Así que nuestro niño-héroe, abandona la seguridad del poblado, su Mundo Cotidiano, se adentra en la selva, un Mundo Mítico. En el proceso, el héroe encontrará otros personajes, aliados o enemigos. Se enfrentará a las fuerzas antagonistas, buscará al ñu y lucharán a muerte. Morirá el ñu, porque es bien sabido que a los ñus se los come todo el mundo. Después, el viaje de vuelta hacia el poblado con la cornamenta como trofeo. O no. Los finales felices y cerrados no son obligatorios.

El caso es que, según esta teoría, desde las primeras escenas del chaval jugando en el río de su Mundo Cotidiano, hasta su vuelta después de atravesar el Mundo Mítico de la selva (para bien o para mal), el héroe (1) pasará por una serie de etapas muy características y (2) encontrará a personajes que representarán un papel arquetípico (el mentor, la sombra…) de la misma forma que el héroe (o el anti-héroe) representa también un papel arquetípico.

Lo interesante no es memorizar si el viaje tiene 7 etapas o 17, ni el orden en el que suceden, ni si tal personaje tiene que aparecer en tal zona de la narración. En mi opinión, utilizar cualquier teoría de forma rígida y sistemática suele construir una ficción predecible y aburrida. De cartón piedra. Lo interesante es entender las ideas que propone, criticarlas mucho, procesar las conclusiones y luego recrearlas con nuestra propia mirada.

Un par de cosas más: ni los personajes tienen que representar siempre el mismo arquetipo, ni cada etapa corresponde a una única escena o a un determinado pasaje. Una etapa puede estar reflejada en una escena, en varias (secuencia). En un pasaje o en varios. Puede ser un capítulo entero, pero también un diálogo o una descripción… El Mentor puede convertirse en Sombra. El Guardián en Aliado, étc.

Este finde la primera etapa. Ciao.

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Consideraciones Teóricas. El Monomito.

De vuelta en Madrid con una cansina gripe veraniega tras una temporada de vacaciones en Almería visitando a BB, el único amigo cuyo número de teléfono conservo de aquella mítica época en que íbamos a la playa del Sardinero en manada mientras nos nacía vello corporal en zonas insospechadas. Por lo demás, todo estupendo: playa, fiesta, tapeo, playa, gol de Iniesta. Vagancia absoluta. La vagancia es lo mío.

En una de las fiestas conocí a un muchacho oriundo y tuvimos una conversación que ya he tenido mil veces… Me preguntan de qué trabajo, contesto que enseño a la gente a escribir ficción y me responden que eso es imposible. Que no se puede.

Llegados a este punto del diálogo y en función del número de güisquis que lleves encima, puedes contemporizar o liarla. Si quieres contemporizar, tiras de la opción plana y contestas que sí se puede. Que no se puede enseñar a nadie a tener talento (aunque el talento puede descubrirse y trabajarse), pero sí se puede enseñar a construir ficción competente a cualquier persona. No sé por qué, me resulta una actitud muy española pensar que no se puede enseñar a escribir ficción y al mismo tiempo creer que en la facultad de Filosofía te enseñan a filosofar y en la de Bellas Artes a artistear, aun sabiendo que en Inglaterra o en Usamérica, por ejemplo, hay cursos oficiales de posgrado y programas universitarios de escritura creativa, novela, guión…

Lamentablemente, la fiesta era un cumpleaños y había barra libre, así que opté por una opción abierta y dije algo como: ¿Me estás diciendo que mi trabajo no sirve para nada y que engaño a la gente? Al final no me peleé con nadie, pero discutí mucho y no expliqué nada. Así que, en deuda con BB por soportar mi mal comportamiento y ahora que quiere ponerse a contar historias (con el agravante de que fue él quien me contagió la afición invitándome a un ciclo de Orson Welles en Tantín ¿te acuerdas?) he pensado ver en los próximos días una de las teorías narrativas más extendidas.

El héroe de las mil caras

El héroe de las mil caras

El Monomito (término que tomó prestado de James Joyce) o Viaje del Héroe, es una teoría narrativa que expuso Joseph Campbell en El héroe de las mil caras, libro de obligada lectura en todo programa oficial de narrativa que conozco.

Básicamente, el tipo se dedicó a estudiar cuentos de hadas, leyendas artúricas, ritos iniciáticos, relatos bíblicos, mitos y tragedias griegas, nórdicas, orientales… narraciones de distintas épocas y culturas de todo el mundo y encontró un patrón básico. Diecisiete etapas por las que pasa todo mito que se precie. Observó, además, que muchos de los elementos de estas etapas presentaban claros y significativos paralelismos con el simbolismo de los sueños. Pensó entonces en la posibilidad de que estos sistemas simbólicos comunes se debían a creaciones naturales de la mente humana, así que topó con los postulados del psicoanálisis de C.G. Jung (el inconsciente colectivo, los arquetipos…) para justificar las coincidencias en relatos mitológicos de toda época y lugar, y para explicar la función dramática y psicológica de cada una de las etapas en relación con los personajes.

Posteriormente, muchos autores (Phil Cousineau, Christopher Vogler, David Adams Leeming, Rachel Pollack…) revisaron la teoría de Campbell aplicándola a la narrativa “moderna”, digamos. Teorías distintas pero parecidas. Unieron varias etapas en una, eliminaron otras, las reordenaron, cambiaron los nombres… siempre intentando construir una teoría definitiva, como si se tratase de formular la tercera ley de la termodinámica. No me convencen porque dan la sensación de que más que ayudar, limitan. Encorsetan. Así que los próximos días voy a contar, por encima, mi versión del asunto, poniendo algunos ejemplos y respondiendo las preguntas que se os ocurran. Voy a ir deprisa, un par de post semanales. De momento os dejo con el esquema:

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